Sin Dios, nada se explica.

De la alma emana las emociones transmitidos por el corazón. Dios quería que la carne exteriorizasse estos sentimientos para revelar todo su poder.

Un alma exitosa, por la fuerza bondadosa de la espiritualidad, acepta con tranquilidad y paz los acontecimientos del mundo, sin jamas se exasperar. La falta de paz es un reflejo de nuestra pequeña amistad con Dios. De nuestra pequeña fidelidad, en última instancia. Si no estamos bien espiritualmente, el alma está inquieta porque, insatisfecha, lucha obstinadamente para revertir la situación.

Una persona que tiene la amistad de Dios roto, se vuelca en el primer contratiempo, ya que no cumple fuerzas espirituales capaces de convertirse en el ganador.

Cuántos suicidios y actos de violencia se producen precisamente por negarse a la misericordia divina y poner sus propios intereses por encima de todo.

Nada se explica sin Dios. Él es la fuente de todo.

La paz tiene la dimensión de nuestra espiritualidad.

"Sin Dios las cuentas no cerran." El Papa Benedicto XVI

Capella de la APAC de la Ciudad de Caratinga.

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